Menstruación

    

Dentro de lo que va de mi descubrimiento de la lucha por los derechos y la libertad de las mujeres, me he dado cuenta de tal vez cosas que antes era tan normalizadas  y que ocasionaban un sentimiento de confort y de dependencia a aquellos que nos imponían estas “reglas” moralmente prescritas.

La moral se transforma e incluso se va adaptando a los movimientos culturales de surgen al paso de los años; ciclos como los económicos, sin ser tan funcional, son los que nos muestran que el comportamiento humano es repetitivo e instintivo y así como la moral se adapta, como el pensamiento quisiéramos que nuestras garantías y libertades cambiaran para bien, pero olvidamos la magnitud de las sociedades actuales, las comunidades, los valores y necesidades que cada vez se masifican de diferentes maneras. Son los obstáculos que existen para lograr que nuestros objetivos utópicos, “románticos” pensados por muchos, sean realidad de una vez por todas.


        Me gustaría empezar por el lado de los tabúes, conceptos que, por más al norte del globo, siempre van a existir. Una palabra: menstruación, periodo, regla, 'monstruación'; tal vez uno de los conceptos más divisionales entre el hombre y la mujer, biológico en su origen, 100% natural para los defensores de la vida humana y animal. Pero, ¿qué es aquello que la hace tan polémica? Será el color, el olor, la consistencia, su procedencia, sus consecuencias físicas y estéticas, pero si ha estado ahí desde el inicio de los tiempos en los mamíferos, ¿por qué es tan desagradable hablar de ella y aceptarla?

Hace poco, en mi primer semestre de licenciatura, el estrés logró que aquellos cólicos que nunca me habían causado mayor problema, se hicieran  más severos, como si una barra caliente se posara en mi matriz y la presionara contra los huesos inferiores de la pelvis, un dolor que se sentía sólido directo en mi sínfisis. Hacer pucheros y emitir gritos ahogados contra la mesa era la única salida, total, si me tomaba un paracetamol para cuando hiciera efecto ya no serviría de nada. Uno de mis mejores amigos me preguntó qué me pasaba, supuse yo que si la respuesta era obvia no iba a tener mayor problema “cólicos, wey”, para entonces mi cara ya era más roja que cuando me da vergüenza. “Eh… no tenía que saber eso”.  Me incorporé de mi pose de lamento y le dije que sin la menstruación él ni siquiera estaría sentado haciendo comentarios estúpidos porque le habían enseñado que la menstruación era algo sucio y  desagradable. Su mamá tuvo que perder el miedo de hablar sobre menstruación que se le había enseñado desde niña para decirle al padre de mi amigo que su periodo no había llegado aún. Parece ser la forma más fácil de hablarle a un hombre acerca de la menstruación.

Su cara se tornó a la típica expresión de “esa vieja está histérica”, y sí, me estaba retorciendo de dolor e hizo que me descomprimiera para hacerlo encarar a la naturaleza. La verdad es que no lo culpo a él, así como millones de hombres en el mundo, él es víctima de este sistema moralista de cómo se debe tratar la anatomía, la biología y la sexualidad humana. Trataré de no culpar a la iglesia en este contexto, este tabú ya existía desde antes que hubiera un Imperio romano o egipcios.

Hoy me enorgullezco por los pequeños y grandes esfuerzos, muchas dirán que cambiar el color de la sangre de azul a rojo en los anuncios no hará nada, pero al menos nos sacará de nuestra área de confort socialmente construida.

No cantaré victoria, no importa si sueno romántica y metafórica, hasta que todas las mujeres conozcamos nuestro derecho a vivir nuestra biología libremente. Haciendo una investigación para escribir esto escuché que 1 de cada 10 mujeres británicas no tiene los recursos para comprar artículos menstruales, podemos imaginar o no las dimensiones de este problema que ocurren en los numerosos países subdesarrollados. Desinformación de nuestros cuerpos como portadoras de ellos antes que de tener hijos, a la mayoría de edad aún tengo amigas que al platicarles de la copa menstrual no saben que se introduce por un orificio distinto a la uretra, o que la uretra es por donde sale la orina.

Sin mostrar patriotismo, pero sí reconocimiento a las culturas mexicanas y que estas son aquellas olvidadas por la lucha feminista mainstream y que sobre todo ellas sufren la injusticia de ser mujer. La menstruación nos hace mujeres y no hay nada más natural que eso.

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